16 oct. 2010

Disfruta del paseo en barca

Imagina tu vida. Es como si estuvieses en una barca navegando en un río. Fluyes a través del agua, te lleva, solo avanzas. Pero aunque la corriente sea fuerte y sólo puedas ir hacia delante tú puedes dirigir la barca. ¿Quién lo está dirigiendo? ¿Quién está remando? En el ejemplo es fácil verlo, observas al líder que decide si orientar la barca hacia la derecha, a la izquierda, todo frente… Puedes saber si esa decisión es suya, si pide consejo a otros. Ves a obreros, como reman, tal vez no influyen en las decisiones tomadas y confían en que su decisión es buena, o no, pero están obligados a seguir remando. Si en la barca sólo estuvieses tú todo dependería exclusivamente de ti.
En la vida es igual, la barca es tu cuerpo, la vida es el río, y tu vida es ese camino que realizas a través del río, esas experiencias.
Puedes decidir de quién es la barca, tu cuerpo puede ser tuyo o dejar que otros lo manejen. Tu cuerpo está formado por algo físico, tu cerebro es una herramienta que está para ayudarte, con tu cuerpo vas a poder disfrutar, vas a poder fabricar sustancias que provocarán sensaciones agradables, crearán la felicidad, también puedes que hagan lo contrario, sensaciones negativas que provocarán tristeza, sufrimiento, obediencia a otras personas que manejarán tu cuerpo, tu mente. Pero esto sólo es la barca, luego está la persona que va en ella, es nuestro interior, no podemos verlo, no es algo físico como se conoce. Y es independiente de la barca.


Se trata de que nuestro cuerpo es el medio para facilitarnos el camino, una buena barca será mejor para navegar mejor, pero cuando toma un camino tenemos que ser conscientes de quien da la orden. Puede simplemente dejarse guiar por la corriente, por sus instintos de vida, que le ayudan a sobrevivir, la necesidad de comer, respirar, dormir, reproducirse… Pero a veces dejamos gente que se suba a nuestra barca, dejamos que la maneje, y tal vez confiemos en la persona, y ella quiera llevarnos a un buen lugar, pero no somos nosotros los que estamos decidiendo ir a allí, llegar de esa manera. 


Tenemos que detectar que nuestro cerebro es ajeno a nuestro interior, nuestra alma dirían algunos, yo realmente no he encontrado una definición que exprese como lo siento. Tenemos que averiguar quien esta manipulando nuestra mente en cada momento, cada movimiento, cada decisión, si lo pensamos no nace de nosotros, si no de otros. Hay que averiguar quien es esa persona que maneja la barca, ver cual es su incentivo, porque quiere que nosotros vayamos a ahí, saber si nosotros queremos ir a allí. Y tras todo esto, si nos damos cuenta que no coincide, tendremos que asumir el control de nuestra barca, sacar a esa persona de allí o ignorarla, pero tendremos que asumir nuestras decisiones, llegaremos a donde queramos ir, seremos libres, y todas las consecuencias serán nuestra responsabilidad, y toda la felicidad que consigamos será exclusivamente gracias a nosotros.

Sobre mi vida, aún hay gente ahí, aún trato de conocer sus razones, las verdaderas, no las que me venden como si creyese en los reyes magos, analizando que ideas quiero echar de mi mente, y lo más importante, empezando a comprender que quiero en realidad, cuales son mis deseos. Y en la mayoría de los casos son individuales, porque nadie más parece tenerlos, me alejo de la sociedad porque ya no me importa, sólo importa mi vida.

Quizás no haya tenido la oportunidad de elegir el río, quizás mi barca podría ser mejor, pero lo que sí voy a elegir son las experiencias que tendré en el viaje, pensaré en el lugar al que quiero ir y trataré de llegar, quizás no lo consiga, o quizás no sea tan bonito como imaginé, pero en cada momento estaré al mando de mi barca, no dejaré que otros me manipulen.

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